Toponimia

 

Resumen de las leyendas recogidas a lo largo de las parroquias de Lourizán, Salcedo y San Xulián

 

La Luz de Sete Camiños

La vecindad de Salcedo y Lourizán y las gentes que recorrían y trabajaban los montes de estas parroquias hablan de un fenómeno extraño que ocurría en Sete Camiños. La leyenda o la creencia hablaba de misteriosas iluminarias, de esferas de luz que se dejaban ver por las inmediaciones de este cruce montés. Las gentes hablaban de la luz de Sete Camiños, una misteriosa luz qué solía verse transitando por los montes de esta zona. A veces, de noche, otras, a eso de amanecer. La luz aparecía de repente y se desplazaba en línea recta por las cumbres. Unos cuentan que, llegado a un punto, la luz daba la vuelta y emprendía el camino opuesto. Otros decían que la luz aparecía y desaparecía al poco tiempo para aparecer unos minutos después en otro lugar.

Muchos vecinos y vecinas, subían hasta Sete Camiños para ser testimonios de tal fenómeno. Para algunos era cosa de otro mundo o incluso de la Santa Compaña, pero no faltaba quien relacionaba esta misteriosa luz con los fanales que llevaban en la mano las lecheras que transitaban por las rutas des Sete Camiños rumbo, o de vuelta, de la villa de vender su leche. Otros, por el contrario, decían que las luces eran de contrabandistas que por aquella época de la posguerra frecuentaban estos montes. Dicen que con la llegada de cuartel de Figueirido y la presencia de ejército, esta luz fue desaparecindo poco a poco pero aun hoy en día quedan personas viejas en la parroquia de Salcedo que aseguran haberla visto.

Mucha gente identificaba este fenómeno con las macabra procesiones de las ánimas, y así decía la vecindad que iba a la feria la Moaña, que en los Sete Camiños andaba de noche la Compañía y que se aparecía como un hartazgo de luces flotando por el aire que iba por el alto de la sierra.

 

Sete Camiños, lugar de juegos (La Piedra Tobogán)

La Pedra Escorregadeiro es un inmenso canto granítico con una cara en forma de losa llana e inclinada que desciende desde lo alto de cerro hasta el suelo a modo de rampa natural. Esta roca era utilizada por la chiquillería que subía el ganado al monte como tobogán improvisado donde pasar las largas horas de pastoreo.

Hay muchas piedras tobogán en Galicia, además de ser usadas como elemento de juego, se le tienen atribuido propiedades favorecederas de la fertilidad. De alguna manera simbólica, al restregarse con ellas cuando se dejaba resbalar por su superficie otorgaba virtudes favorecederas de la fertilidad femenina y de la virilidad masculina. Como podemos ver, el uso de monte como lugar de ocio no es algo nuevo, inventado por el mundo urbano y la llamada sociedad de ocio, sino que ya desde antiguo la gente usaba el monte, no sólo como fuente de recursos económicos, sino también para estos fines lúdicos, aunque no fuera necesaria la construcción de parques forestales o de áreas recreativas y de ocio.

 

Los caminos de Sete Camiños: El camino de la leche y el del pescado

Por los Sete Camiños transcurría el Camino de la leche. La ruta que diariamente transitaban las lecheras que venían desde la Canicouva, Vilaboa, Postemirón y Figueirido cruzando estos montes para llegar hasta Marín donde vendían la leche. También iban por estos caminos las lecheras de lugares de la Armada, Birrete y de Nabalexo (en la parroquia de Salcedo). Las de lugar de Casal, por su localización más acercada, bajaban directamente la Marín, cruzando la parroquia de Lourizán, por el conocido como "El Camino de las Lecheras", sin necesidad de pasar por los Sete Camiños. Las lecheras solían llevar, aparte de la lata de leche en la mano, un fajo de leña en cabeza que aprovechaban para vender en la villa marinera de Marín.

Además, las mujeres que vivían en el litoral, como las de Praceres, en la parroquia de Lourizán o las de Marín, llevaban el pescado en cestas o patelas a vender por las aldeas y hasta la villa de Pontevedra. Si las lecheras hacían el camino en dirección a Marín las peceras hacían la ruta inversa. Subiendo por el Pornedo y el monte de Lourizán y de San Xulián cruzando Sete Camiños y el monte de San Martiño para vender su pescado en las aldeas de alto de la ría y de la otra banda de Morrazo.

 

El Viejo Birreto y los lobos

Segundo algúns vecinos y vecinas de la Armada, Birreto tenía un perro, un perro especial pues era cruce de perro y lobo. Un día que iba el bueno de hombre por el monte de San Martiño, allá por el alto de Sete Camiños, escuchó de repente aullar a los lobos que, por aquel tiempo, eran frecuentes en esta zona de monte de Morrazo. Dicen que a su perro, cuando oyó el terrorífico canto de sus hermanastros, espabiló su lado salvaje y feroz y, sin tiempo de reacción, se echó a su dueño poniendo sus garras sobre el pecho de Birreto en un intento por impedir que el hombre huyera de lugar ante la llegada de la jauría lobera.

Cuentan que la intención de perro era detener, con todas sus mañas y fuerzas, a Birreto para darle tiempo a sus congéneres a llegar y, entre todos, dar cuenta de pobre paisano. El viejo Birreto , al ver lo que se le venía encima, tiró de la escopeta de posta, que por suerte llevaba con él, y le espetó dos tiros a su lobicánido. Fue, de esta manera, como el Birreto pudo huir a tiempo de allí y salvarse de ser engullido por los lobos.

 

El Suelo de las Moras y el tesoro de las tres hermanas moras

La gente cuenta que en el Cerro de las Moras (algunos concretan que esto sucede en la Piedra de la Mora, también conocida como Piedra del Fundamento) habitan dos moras muy hermosas. Dicen que estas hermosas damas tenían por costumbre ir al baile a Marín o a la fiesta, como acontece con cualquier joven nueva y soltera. Cuentan que cuando regresaban para el monte acompañadas de algún joven, al llegar un poco antes de dicha piedra se paraban y no dejaban que los jóvenes que las habían acompañado fueran más allá. Un día uno de estos pretendientes no hizo caso y las siguió hasta la piedra y cuál fue su sorpresa cuando vio que las moras que había acompañado esa noche se transformaban en serpientes escalofriantes y desaparecían en la roca.

Otras vecinas cuentan que en el Cerro de las Moras salía una mora muy hermosa y hay quien dice qué tal prodigio solo acontecía en la Noche de San Juan. Por las noches iba un joven a visitarla y ella salía a su encuentro. Una día la mora le pidió al joven que fuera una noche determinada a visitarla. Llegado el día el rapaz acudió a la cita y cuando llegó donde ella, la mora le dijo: Si me quieres de verdad tienes que sacarme este clavel que tengo en la boca. Tan pronto el joven le sacó el clavel la mora se volvió un culebrón. Y el hombre huyó y no volvió nunca más por el Suelo de las Moras.

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